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Perú: cuando la inclusión aborda el cambio climático

En la Amazonía peruana y los Andes, las consecuencias del cambio climático se vuelven cada día más graves. Sobre el terreno, HI está brindando una respuesta inclusiva, asegurándose de que todos tengan voz y voto.

Desde el rápido derretimiento de los glaciares andinos hasta la destrucción de la selva amazónica, Perú es uno de los países más vulnerables al cambio climático. La llegada del fenómeno de El Niño, que intensifica los fenómenos meteorológicos extremos cada 2 a 7 años, agrava aún más la situación. Actualmente, dos regiones están sufriendo de lleno sus efectos: Huánuco, en los Andes, y Loreto, en la Amazonía. HI se ha sumado al movimiento para proteger y mitigar los efectos del cambio climático y se asegura de que nadie se quede atrás.

Las dos caras de la misma crisis

En Huánuco hay dos estaciones bien diferenciadas: la temporada de lluvias y la de sequía. Con la llegada de El Niño, las precipitaciones se intensifican, lo que provoca inundaciones, desbordamientos de ríos y deslizamientos de tierra.

“El año pasado, incluso sin El Niño, estos fenómenos causaron al menos veinte muertes en áreas cercanas a donde operamos. La experiencia y los datos históricos indican que es probable que este tipo de eventos aumenten”, explica Christian Pérez, gerente de proyectos de HI en Perú.

En Iquitos, en la región de Loreto, la situación es opuesta. El Niño coincide con la estación seca. Las sequías y los incendios forestales van en aumento, las pérdidas de cosechas se agravan y el acceso al agua potable segura se vuelve aún más difícil.

La población, que depende en gran medida del transporte fluvial para desplazarse, está pagando un alto precio: las mujeres embarazadas no han podido acceder a la atención médica, no se ha podido evacuar a personas enfermas o lesionadas, y han comenzado a aparecer enfermedades transmitidas por mosquitos.

Una gobernanza más inclusiva

Si bien el cambio climático afecta a toda la población, las mujeres, los jóvenes y las personas con discapacidad se encuentran entre los más vulnerables a sus consecuencias. HI trabaja para garantizar que estas personas, que con demasiada frecuencia son marginadas, sean incluidas en los esfuerzos de prevención de riesgos climáticos. En 2025, la organización lanzó el proyecto Guardianas del Cambio, llamado así en honor a las mujeres que tradicionalmente cuidan la tierra y sus recursos.

«El papel de las comunidades es esencial, ya que son ellas quienes cuidan los ecosistemas. Fortalecer sus conocimientos y habilidades, e involucrarlos en la gestión ambiental es la clave para garantizar que nuestros ecosistemas sigan siendo sostenibles a largo plazo; por eso nos esforzamos por ser lo más inclusivos posible. Trabajamos con escuelas bilingües que acogen a niños quechuas y cocamas. En las escuelas de las dos regiones donde operamos, también contamos con adolescentes con discapacidad que participan activamente en el proceso de capacitación y en la elaboración de soluciones», explica el director del proyecto.

Logros clave del último año

En dos regiones con ecosistemas distintos —la selva amazónica en Loreto y los Andes en Huánuco— HI ha tomado medidas para desarrollar la capacidad de adaptación al cambio climático, con un enfoque particular en los jóvenes.

«Los jóvenes representan el futuro, pero ya están marcando la diferencia hoy. El cambio empieza en casa. Se están concientizando sobre los problemas y luego transmiten este conocimiento a sus padres y familias. Hemos visto que esto está generando cambios dentro de los hogares. Es algo de lo que me siento muy orgulloso», dice Christian Pérez.

Esta inversión se ha materializado en el trabajo realizado con alumnos de escuelas en ambas regiones, personal del sector público y organizaciones que representan a personas con discapacidad.

Entre los recursos utilizados, se han distribuido entre los alumnos folletos titulados «Soluciones para una vida mejor». Diseñados para abordar la gestión ambiental inclusiva, las soluciones basadas en la naturaleza, las cuestiones de género y la inclusión de las personas con discapacidad, estos folletos guían a los alumnos a través de un proceso de tres pasos: identificar los problemas locales relacionados con el cambio climático, analizar sus causas y, luego, idear una solución adaptada a su contexto.

Gracias a este enfoque, se ha capacitado a 1.600 alumnos. Además, más de 220 personas con discapacidad han recibido apoyo, al igual que alrededor de 60 funcionarios públicos.

Soluciones basadas en la naturaleza

En las escuelas y las comunidades vecinas, este trabajo ha dado lugar al desarrollo de una infraestructura más ecológica y a la restauración de espacios verdes, en particular mediante la creación de huertos orgánicos y viveros forestales.

Por parte de las autoridades, se han implementado otras dos soluciones. En Huánuco, se ha creado un corredor ecológico urbano de casi 4 kilómetros de extensión para restaurar los espacios verdes y preservar el hábitat de 21 especies de aves que habitan en la región. En Loreto, diez familias que viven en una aldea que sufre inundaciones frecuentes han establecido huertos flotantes, administrados principalmente por mujeres, para garantizar su acceso a frutas y verduras en todo momento.

Al mismo tiempo, se han redactado o respaldado dos reglamentos ambientales —uno en cada ciudad— para garantizar la participación continua de las organizaciones de personas con discapacidad en los foros de toma de decisiones relacionados con el cambio climático.

“Esto no existía antes en Perú. Es la primera iniciativa de este tipo en el país. Gracias a este trabajo, las organizaciones de personas con discapacidad ahora participan oficialmente en foros de diálogo y toma de decisiones sobre temas ambientales y climáticos”, dice Christian Pérez.

Un paso más allá

Lanzada en junio de 2026, la segunda fase del proyecto Guardianas del cambio tiene como objetivo consolidar estos resultados iniciales, al tiempo que se exploran nuevas vías.

“Ahora buscamos trabajar no solo en el cambio climático, sino también en la gestión del riesgo de desastres. Queremos fortalecer las capacidades de todo el ecosistema escolar”, explica Christian.

La idea es ofrecer un programa de capacitación de al menos tres meses de duración a 120 maestros, quienes luego transmitirán los conocimientos adquiridos a sus alumnos, llegando así a un total de alrededor de 1.800 jóvenes. Otro de los objetivos es fortalecer aún más las organizaciones que representan a las personas con discapacidad, para que su participación en los foros de toma de decisiones sobre temas ambientales y climáticos no solo sea activa, sino verdaderamente significativa.

 

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