En el sector agroalimentario cubano, las personas con discapacidad enfrentan no solo barreras físicas, sino también actitudinales, comunicacionales y culturales. Actitudes paternalistas, información que no se comunica en formatos accesibles, infraestructuras pensadas sin criterios de diseño universal, sobrecarga en las tareas de cuidados y una profunda invisibilización de sus capacidades productivas limitan su presencia real en las dinámicas económicas y comunitarias del campo.
Frente a este escenario y con la premisa de avanzar hacia una gestión más equitativa y accesible, el proyecto “Sembrando Inclusión: sistemas alimentarios comunitarios y resilientes”, financiado por la Unión Europea e implementado por Humanity & Inclusion (HI) en Cuba junto a organizaciones socias, desarrolló el taller “Fortaleciendo capacidades de las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) para una programación inclusiva con enfoque interseccional”.
El evento, que se extendió del 15 al 17 de septiembre en el Hotel Nacional de Cuba, reunió a representantes de las organizaciones socias del proyecto — Asociación de Técnicos Agrícolas y Forestales (ACTAF), Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA) y el Centro Félix Varela— junto a las Organizaciones de Personas con Discapacidad (OPD): Asociación Nacional del Ciego (ANCI), la Asociación Cubana de Personas en situación de Discapacidad Intelectual (ACPDI), la Asociación Nacional de Sordos de Cuba (ANSOC) y la Asociación Cubana de Personas con discapacidad físico-motora (ACLIFIM).
Durante la primera jornada, se abordó la evolución de los modelos de discapacidad, los derechos consagrados en la Convención y el rol de las OPD, así como la interacción de estas personas con su entorno, identificando barreras y facilitadores.
En su intervención, el representante de Humanity & Inclusion en Cuba, Manuel Simoncelli hizo un breve recorrido por el quehacer de la organización en sus más de 40 años, acompañando a las personas con discapacidad y los grupos vulnerables ante situaciones de pobreza y exclusión, conflictos y desastres; para responder a sus necesidades esenciales.
Sobre el trabajo de HI y su aporte a los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030, Simoncelli destacó la elaboración de una Política de Discapacidad, Género y Edad, donde se define a la discapacidad como “un concepto que evoluciona y que resulta de la interacción entre las personas con discapacidad y las barreras generadas por el entorno y que dificultan su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás”.
Sobre el proyecto “Sembrando Inclusión: sistemas alimentarios comunitarios y resilientes” explicó que este promueve la inclusión de personas en situación de mayor vulnerabilidad, para que mujeres, juventudes y personas con discapacidad puedan ser parte de los sistemas alimentarios a nivel local.
“Tratamos de desmantelar una visión clásica para que quienes son excluidos puedan ser parte”, argumentó.
Además, el espacio fue oportuno para dialogar sobre “La evolución de los modelos de la discapacidad” en un debate interactivo entre las personas participantes.
Al respecto, Ernesto Fernández, integrante de la ANCI, precisó como estos modelos son marcos conceptuales que explican qué se entiende por discapacidad, cuáles son sus causas y cómo debe responder la sociedad ante ellas, permitiendo analizar programas, políticas y prácticas organizacionales.
Por su parte, Yelene Palmero, integrante de la Red Cubana de Estudios sobre Cuidados, durante su presentación “De la exclusión a la autonomía: género, discapacidad y cuidado y la reorganización social del cuidado” -a dúo con la coordinadora de proyecto del Centro Félix Varela, Ania Mirabal- se refirió a cómo hoy la sociedad entiende las diferencias.
“Hablamos de ellas como si fuesen pequeñas islas y no nos damos cuenta de que son dimensiones que se entrelazan, y que determinan la vida de las personas de manera simultánea”, sentenció.
En el caso de los proyectos agrícolas o destinados a la agricultura, Palmero se refirió a la ponderación de los hombres en estas tareas, o, en cambio, la búsqueda por contar con la presencia de un 50 por ciento de mujeres como supuesta evidencia de que un proyecto contempla la perspectiva de género. Ante ello advierte que “no se trata de incorporar personas sino de transformar nuestras organizaciones y maneras de hacer”.
Yelene Palmero insistió en la importancia de deconstruir la falsa neutralidad de poder, pues cada proyecto que surge se inserta en un “ecosistema vivo” atravesado por relaciones históricas de dominación, mandatos patriarcales, prejuicios capacitistas, y la distribución injusta del tiempo y el trabajo.
Sobre ello dijo: “Un proyecto que se declara neutro ante el género y la discapacidad no es neutral, es un proyecto ciego que termina perpetuando la exclusión preexistente”.
En otro momento, Ania Mirabal aseguró que el tiempo es el elemento que empodera a una persona, y advirtió sobre la brecha existente frente a las identidades de género no heteronormativas, lo cual tiende a limitar las oportunidades.
El taller se desarrolló como un espacio de construcción colectiva donde las Organizaciones de la Sociedad Civil analizaron sus marcos conceptuales y prácticas actuales, y adquierieron herramientas técnicas para incorporar los enfoques de género y discapacidad en sus programas. Mediante el uso de una metodología participativa, en el encuentro primó el intercambio de experiencias y aprendizajes con las OPD, promoviendo una comprensión profunda de la interseccionalidad entre género, discapacidad y cuidados.